Amor por la lectura: nace y también se hace

Para algunos, si no encuentran lo que buscan en el amor, entonces acuden a los hechizos de amor, pero, ¿qué pasa si lo que buscan es enamorarse de la lectura o enamorar a los más pequeños del universo que les ofrece la lectura?

Y es que no solo ese conocimiento que es impartido por las personas que nos enseñan es provechoso para nuestras vidas, sino que también los libros han de convertirse en fotogramas en determinado momento de nuestras vidas.

Muchos de nosotros recordamos con mucho afecto la colección de cómics de Las aventuras de Astérix, esa de color azul con tapas acolchadas publicada por Grijalbo en la decada de los ochenta. Demasiadas horas tratando de mantener a salvo de los romanos a una aldea ubicada al noroeste de la Galia.

Pero este no fue el único contacto que estas generaciones tuvimos con el cómic: Mafalda, 13 Rue del Percebe, Mortadelo y Filemón o Zipi y Zape también llegaron a colarse entre esas lecturas –aunque éstas no siempre resultaban gratificantes– impuestas desde el colegio.

Durante una gran cantidad de tiempo los cómics se han considerado lecturas menores, y por ende, quienes los leen, de segunda, y es que, como era de esperar, ningún profesor estaba animado a prescribir un cómic como una propuesta real de lectura durante el curso.

Quizás ninguno o pocos así lo hicieron, situación que se ha tornado distinta en la actualidad.

De acuerdo a Román Belmonte, quien es maestro y también autor del blog especializado en literatura infantil y juvenil “Donde viven los monstruos”, aún continúa siendo poco habitual que el cómic se conforme como una sugerencia de lectura dentro del aula, pero en contraste, este sí llega a penetrar más en las escuelas al ser aplicada como herramienta de alfabetización –similar a lo que sucede con el álbum ilustrado–, sobre todo durante las primeras etapas de la educación primaria.

En el caso de secundaria, de acuerdo a lo señalado por Belmonte, su presencia tan solo es testimonial debido a los prejuicios que todavía existen hacia el formato.

“La diversificación literaria es altamente necesaria”, enfatiza el experto en LIJ quien además considera imprescindible el hecho de adecuarse a los intereses tanto de niños como de los adultos, por lo que no se debe pasar por alto la idea de que la literatura gráfica ciertamente comparte numerosos aspectos de los nuevos marcos de lectura que se ofrecen actualmente en el universo audiovisual y las tecnologías de la información y comunicación.

“Con ello no quiero decir que el niño deba empezar leyendo novela gráfica y terminar con una novela como Bomarzo. Puede ser al revés.

El itinerario lector puede ser tan variopinto como lectores existan. Lo verdaderamente importante es ampliar la oferta y ensalzar el valor de la lectura”, sostiene.

Las editoriales que se ocupan de la literatura infantil y juvenil, ahora no piensan solamente en los álbumes ilustrados, desde hace unos cuantos años el cómic comparte con ellos estanterías y lecturas nocturnas, por lo que parece estar despojándose de ese halo de prejuicios que tan injustamente se le ha otorgado.

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